Magazine del colectivo Quimera

Un día después… Licantropía inversa por José Ramón Águila Cano

In Uncategorized on octubre 4, 2010 at 3:27 AM

Un día como ayer

A veces la vida tiende a torcernos las tripas justo cuando nos terminamos de bañar. Estás ahí, inmaculadamente limpio sentado sobre el inmaculadamente limpio retrete sintiéndote de nuevo sucio, igual que el momentáneo dueño de tus posaderas.  Pienso en él. Pienso en ella. Pienso en los dos desnudos sobre el sofá. Pienso en el maldito café que los unió en esa mañana fría. Dos almas solitarias que deciden estar solas juntas. Ella le sirvió a él café. Él le trajo el menú desde la barra. Era tan sólo natural y lo veo claro ahora un día demasiado tarde. ¿Por qué le dejé ir? ¿Por qué le dejé engañarme? El engaño es el antónimo del amor, no el odio, porque el engaño, como el amor, siempre es juego de dos, mientras que odiar, uno se puede odiar a sí mismo por haberse engañado tanto tiempo por querer amar a alguien más. Es exactamente así mi caso, hoy, un día demasiado tarde, yo no odio a nadie.

Les veo tomados de la mano. ¡Qué cliché más absurdo! Sintiéndose culpables, imaginándose descubiertos. Todo esto aumentando su vigor sexual después de checadas sus tarjetas. Con un suspiro espero haber cumplido todas sus expectativas.

Rechino los dientes y hago ruidos chistosos con la boca emulando a un caballo. No es coraje lo mío, es resignación. Es darse cuenta de tanta mugre que he provocado. Tanta mierda que en la vida existe pero que al final, como siempre, el culpable soy yo. Soy el único dueño de mis sospechas y  veo claramente,  un día demasiado tarde, que la cagué.

Ahí sobre el asiento de porcelana, suspiro nuevamente y siento el despojo freudiano, ese sentimiento de vacío. Nunca estuve más de seguro de algo. Ahora sé que me quiero enamorar, al fin y al cabo, todos estamos llenos de mierda, Él, ella y yo. Absolutamente todos y es natural sentirse sucio por dentro. Hoy le invitaré un café. Espero que no sea demasiado tarde. ¿A quién engaño después de este acto de catarsis impía por placentera, si termino odiándome por amarle tanto?

Enciendo un cerillo para disipar el olor, aun cuando vivo solo. ¡Qué absurdo ritual! Sé que no vendrá nadie, pero quizás, en esta ocasión lo que busco disipar es el trance, la melancolía y las náuseas que me doy cuando pienso en quien me engaña.

Mientras me lavo las manos con todo cuidado pienso: las excusas son para el excusado. Cuando se está solo olvidas subir el cierre. Qué importa, nadie vendrá, estoy solo y determinado a enamorarme. Tal vez la palabra escusado vendrá del francés, me dije, escuse moi, señorita que ando enfermo de la bestia y ya estoy que se le salen los dulces a la piñata.  Córrele que te alcanzo. Río en voz alta de mi estupidez, pero al final, el diálogo interno sostenido tiene un punto. Llamaré hoy, sin excusas porque definitivamente, hoy es un día demasiado tarde para ser un escusado.

Llamo aún con la bragueta abierta dos horas más tarde. Buzón de voz. Las excusas al excusado, me repito. Subo el cierre y tomo las llaves del auto, intrépido, como si interpretara al mismísimo Indiana Jones, en una versión mexicana, secuela número 8. Manejo hasta su trabajo sin detenerme y reniego un poco de la pobre educación vial de los demás conductores. Hoy no odio a nadie porque me prefiero enamorar.

Estacionado el auto y le veo en el café Madird. Ella le está acercando el menú desde la barra. No me han visto. No me han visto. ¿Eres hombre o un maldito retrete? Bájate, cagón. Al entrar en el café no se necesitaron palabras. Su mirada culpable. Su lápiz labial en la mejilla. Su olor a culpa. ¿Y si el perdón no llegara de forma natural, vale la pena forzarlo a salir con un esfuerzo estreñido? No. La llamé puta. Salí tras un portazo. El único vocablo que logre emir fue completamente innecesario, ya algún día demasiado tarde me arrepentiré.

Un remolino de emociones giró en mis entrañas. Un remolino que acarreaba toda esa podredumbre pestilente que llamamos emociones y terminé sintiéndome sucio, sucio aún cuando sé que he desechado aquello que tenía muy dentro y que de no evacuarlo a tiempo terminaría por matarme a retortijones. Limpio de culpas y sintiéndome sucio, justo como cuando me terminé de bañar esta mañana. Mi único desengaño fue que tomaban té. Un maldito té de yerbabuena que si bien cae al estómago de maravilla, a mi corazón le sentó fatal.

Al abandonar el Madrid sentí otra vez ese despojo freudiano, ese sentimiento vacío. Hoy no odio a nadie porque me doy cuenta que desde hace algunos ayeres me enamoré.

Anuncios
  1. […] Licantropía inversa […]

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: