Magazine del colectivo Quimera

Apuesta por Ferreira de León

In Uncategorized on septiembre 24, 2010 at 2:47 PM

Somos aves destinadas a la gloria de chocar contra las ventanas de los rascacielos.

Somos las crápulas finiseculares, la gárgola olvidada por el siglo. No tenemos puerto, como las empresas navieras del decimonono. Habitamos en Lima, Buenos Aires, Barcelona, Distrito Federal, Guadalajara y León y Castilla como si estuviéramos en una biblioteca de libros fuera de alcance.

Nuestras palabras flotan en la retícula de bits, entre publicidad pornográfica y niebla de contenido matricial. Se venden bombas a domicilio y los políticos no tardarán en hacer exenciones fiscales al suicida.

Escribimos, aunque sólo nos quede eso.

Pero será otra cosa. Algo más nos habita. Entonces hablaremos de los dioses ocultos y domésticos, de Sánchez Redondo y Ferreira de León, como si fueran el borrachito cotidiano de un pub de ejecutivos.

Diremos, eran grandes, formaron esta prosa. Eran maestros a la manera druídica en su atmósfera de absenta y podredumbre. Diremos: Están perdidos.

De Ferreira: era Uruguayo, escribía como nadie, se le trató como un donnadie. Daniel Ferreira de León, verdadero precoz, Rimbaud con testosterona, a los 23 había dominado una voz propia y llegó por momentos a ser el mejor escritor latinoamericano.

Tendré sus prosas envueltas en celofán, y una mañana, no muy distante, nos hablarán de Hong Kong  para publicar su nuevo libro. Tendremos que decir: nadie lo conoce, pero es uno de los grandes.

Diremos otra vez: nadie lo conoce, pero quién conoce a alguien. Y daremos un trago de silencio en el bar de la infamia.

Quizás podría decir que su prosa es a veces intragable, que maneja todas las formas posibles, que no escupe cuando come, que su madre es una reina de oro y su padre un titán de asbesto. Que tiene la mejor soltura de pluma y estómago que yo haya visto.

33 años: aniversario destinado a la gloria, presidente de una muerte espantosa. Está Cristo, Ian Curtis, Rimbaud y Alejandro Magno. Ferreira de León tiene todo para unirse a este séquito.

Pequeña constatación de Baudelaire: Consagrarse es resultado de glorias parciales y secretas que se suman una a la otra. ¿Será?

Sé que cuando todo el mundo se vaya al diablo, aquí estará la memoria romántica y tragada del escritor menor, que nuestras mujeres hablarán complacidas de nosotros a nuestra muerte, que sufriremos la inmortalidad sin romances, besaremos una afrodita de neón e inhalaremos sílfides de oro antes de saltar sobre el cuerpo del poeta asesinado.

Y luego se oirá decir a alguien: Ahí estaban Ferreira, Carbajal, Cichero, Cáceres, Sánchez Redondo, Águila Cano, eran unos locos, che.

Dirán de nosotros: fundaron una revista sin puerto de malísima edición, y su futuro era una apuesta por caballos ardiendo.

Querían ser leídos, no esperaban glorias, querían vaciar la imaginación en una hoja para no escribir jamás, tener un buen trabajo, amar la vida, su automóvil  y su chica: volver a la vida, la vida.

Diremos: la literatura es una hetaira manoseada escondida en el calabazo de un palacio de impresión digital.

Dirán: al diablo las editoriales, las becas, los concursos, el futuro, el arte, el carajo.

Dirán, y esto es lo más importante, un silencio es sólo eso. Un vacío.

Cuando dejen de pensar en lo que escriban, y puedan poner en una hoja sakfjwecfedcsd, podrán resarcirse del escrito fácil, los admirarán best sellers y alguno de ellos reivindicará estas letras.

Si Ferreira estuviera aquí corregiría este texto. Me diría: escribir no es descarnarse, es hacer un gancho al hígado, poner punto final, dar a la calle y caminar entre la gente, creyendo ir con ellos a algún lado.

Hacer francachela con Ferreira. Escucharlo hablar de su teoría del estilo como una legislatura adormecida: la literatura polifónica es una ilusión de perspectiva, la metáfora está sobrevaluada como el dólar y la poesía simbolista. Lo oiré hablar de desencanto por las letras, y lo imaginaré un boxeador cansado, un ídolo que se ultraja a sí mismo.

Que estar en este bar, hablando en silencio con lectores ocultos es mejor que estar en cualquier parte. Dar a un malecón con fanales, tirar búfalos de cerveza en el adoquín, reír de estas palabras y volarnos la cabeza con una venetta. Pararnos descompuestos, reír de estas palabras que se desdibujan y seguir caminando sin saber que tú nos has leído.

Ferreira de León no tardará en escribir una bomba atómica. Sus palabras habitan, por lo pronto, este espacio en el que has venido a dar, llevado por la sensación de que hay algo desconocido detrás de tu historia.

Yo me despido, creo que estoy fumando, y salgo a la calle…





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  1. Gracias por dejar escapar ese suspiro reverencial del lado izquierdo de tu pecho.

  2. Gracias a ti, Marta, por pasearte por estas letras como cornfleik sin leche.

  3. […] Apuesta por Ferreira de León (Carbajal) […]

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