Magazine del colectivo Quimera

Filosofía mínima del Jardín

In Uncategorized on julio 10, 2010 at 9:37 PM

por Lisandro Ariel Carbajal

contacto: carbajal133@hotmail.com

Simulacro de naturaleza domada, el jardín es patria común de enamorados y cadáveres de gatos, pero también es un espacio de inocentes perversidades domésticas. Locución entre ciencia de la contención y la ortopedia, la jardinería no se aborda con probidad por el estudioso de la estético sino como disciplina adlátere a la arquitectura. Este acercamiento, cuando ocurre, es mera acumulación de datos superficiales, distinciones de estilo y diseñadores involucrados. Algo más importante se da: el inocente sitio de recreo esconde un programa más o menos articulado sobre la relación hombre-naturaleza, sobre el hombre creando cultura.

Consagración de la jardinería francesa, la vida vegetal del palacio de Versalles ocurre con majestuoso control absoluto de la forma natural. El estilo francés está llevado por un frenesí simétrico. Los jardines no son sino cuadriculas, figuras básicas vivas que pretenden reducir la forma natural a un terreno de geometría euclidiana verde. Los arbustos se convierten en esferas. Pasto cortado al ras, se esparce en particiones ordenadas de un rectángulo. Ángulos, líneas, macetas dispuestas regularmente de la flor exacta en su lugar exacto. Reducto racionalista de la época, sueño húmedo del pitagorismo. Triunfo del determinismo: el control de los científicos que desconocían la teoría del caos y la física cuántica. Intervención visible, audaz y vanidosa del intelecto sobre la vida, cultivación premeditada, vástago de semen cartesiano.

La jardinería inglesa operó, por contraste con lo francés, bajo un criterio de control sofisticado. El recreo del jardín inglés ocurre en amplios espacios de naturaleza aparentemente dejada a su ritmo natural de crecimiento, en donde penetra la arquitectura para instalar los llamados follys o caprichos, retazos de técnica con función variable en el lienzo verde, que no son sino escaparates del paseo, juegos para grandes. Así, se encuentra el terraplén, el kiosco, la torre, el sesgado. No es esta manera sino un replanteamiento de lo natural como espacio de control velado pero de extraño tinte fantástico, libertad parcelada de la vida. No es suficiente el espacio de naturaleza libre, es necesaria la implantación de mecanismos de irrealidad en su carne que asemeja el paseo sabatino a la placentera incertidumbre de la tradicional novela de aventuras inglesa. La experiencia del jardín inglés esta poseída por un simulacro de aventura e intimidad. Al contrario de la francesa, social en esencia y controlada admiración del jardinero sobre lo plantado, el jardín británico provee momentáneos descansos de la vista de otros. No obstante, todo es ilusorio, estrategia de la percepción; tanto la aventura como la intimidad, no son sino sentimientos alineados a una región de lo permisible: calculada ilusión de libertad.

Por rigor práctico, el imperio de plástico, Estados unidos, ha replanteados sus estancias vegetales como representaciones mínimas de la jardinería inglesa. Lago artificial, camino para corredores, algunas tristes bancas con acero negro y plástico que de lejos parece madera, se acumulan alrededor de los bosques pelados, del puentecillo sin virtudes arquitectónicas. Sus jardines hogareños no son sino alfombras verdes que cubren con cercas blancas y tímidos retazos florales que carecen de originalidad. Su motivo es el de garantizar contacto con instancias mínimas de la naturaleza. Controla, pero no formula experimentos visuales, hace motivos y caminos bordeados por ocasionales vistazos, pero no privilegia la aventura o la fantasía, es en suma, una aplicación sin regocijo estético, una aplicación del desencanto natural, necesidad hipotecaria del valor, lago artificial con fondo de cemento.  El verdadero parque americano es el parque de diversiones, ahora entretenimiento masivo nacido del hastío kitsh que pervive en su decadentista espíritu donde la naturaleza no es sino los vívidos colores de la soda y los juegos mecánicos.

A estos dos patrones mínimos, el francés y el inglés, se suma un tercero de difícil clasificación. El jardín oriental, nacido en los templos de budismo zen, es una representación mínima de los elementos. Filosofía del vacío. No el abigarrado gabinete de maravillas que son los parques ingleses o franceses. En su lugar, economía del placer, diluido en una esencia de continúa evanescencia. No aspiro a explicar al jardín de una manera comprensible para la filosofía zen. Haré unos breves comentarios basados en la vista de un occidental sobre el planteamiento de estos ejercicios. La naturaleza en el jardín zen no necesita de árboles. Privilegia a la piedra, como estética de la existencia, y la naturaleza vegetal se reduce al musgo que habita en el agua o en las piedras. La arena cumple una función de espacio. La realidad es una mínima recreación del espíritu sobrio, que no pesa sobre sí mismo, regocijo de la experiencia en su más plana y limpia mirada, de olores, sonidos y estanquillos: escenario mínimo de los elementos, completitud de la casa. Patrones cambiantes sobre la arena fingen movilidad en lo inmóvil, quizá como el fenómeno psíquico que ocurre durante la meditación, ensimismamiento del espacio vital, soledad infinitesimal, destrucción del vigor, del deseo. Koan petrificado.

Apuntes finales de dudoso valor: La corrección de la postura de las plantas, sus crianza y selección artificial, son claras muestras de lo que está en la mente del planeador. El jardín no es un albergue, sino una consagración del espíritu de evolución llevada de la mano de oscuros y ocultos diseñadores, élites que plantean el futuro, obsesión por el control, megalomanía parasitaria.

La cultura es precisamente eso, un cultivo. Nuestro grado de avance técnico permite que la sociedad sea diseñada por estas manos invisibles y que nuestros espacios de libertad no son sino divertimentos, entretenimientos, que nos mantienen sin ver afuera del jardín del siglo, lo que ocurre en realidad. Entramos a la verdadera época de la manufactura de la realidad, y los pétalos de la rosa de cristal caen día con día.

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