Magazine del colectivo Quimera

Leni Riefenstahl: Devaneo sobre cinefilia nazi

In Uncategorized on julio 8, 2010 at 4:16 PM

por Lisandro Ariel Carbajal

contacto: carbajal133@hotmail.com

Poesía al servicio del príncipe dragón amarillo, estandarte de la legión semen nebular, amanuense de dictaduras tropicales con masacres bananeras y sindicatos de lo insulso, romanticismo ciego de una niña apuntando a patos de hule con un rifle remington, extracto de naranja y cocaína, norteamericana descanso-primavera en Caribe mexicano, en suma, arte al servicio del poder.

Leni Riefenstahl (1903-2003) es recordada como la documentalista y cineasta del régimen nazi. A ella debemos las imágenes más grandiosas de la angustiosa vanidad aterciopelada del orgullo fascista: la velada homoerótica de la épica marmórea del ario, coprolalia política del héroe mandando niños a la guerra, cuadrícula marcial de carne latiendo al compás de la batuta elegante del asesino SS.  

Su obra se compone de cuatro etapas necesarias y a su vez insultantes. (1) La montañista que se consagra en Tiefland, una película de tema español gitano, magia en plata del paisajismo montañista (2) La propagandística. Dos documentales nazi (el Triunfo de la voluntad y Olimpia, documental de las olimpiadas de Berlín). (3) La saga africana, proyecto documental o de cine incompleto, de un viaje a la tribu Nuba, en Sudán, presa de recreo erótico que Susan Sontag ecualizó con la estética del tercer reich.

            El rescate de su figura no es arbitraria nostalgia de articulista trasnochado. Si no fuera por la estética nazi, la imagen del ario sería más apegada a la verdad: un gordo salchichón sonriente que nos alcanza una cerveza con más cuerpo que un búfalo mientras sonreímos a una ruborizada rubia teutónica que se enamora perdidamente de la peor calaña latinoamericana. Y no, en cambio, la mastondóntica efigie de rubios druídicos y atléticos, asimilación borracha de la épica escandinava. 

El ministro de propaganda del tercer Reich, Joesep Goebbles, dividió frentes en la manufactura del consenso y la maquiladora de destinos manifiestos. En el cine, por feliz azar, se sirvió de una verdadera artista, Leni Riefenstahl.

 Su afición por el alpinismo la llevó a protagonizar las primeras películas del género. En entrevista con Hitler, fascinado por su baile de perfil con el mar de fondo de una película no digna de memoria, le pide que realice la filmación de los eventos políticos en Nuremberg.

            A ella debemos la grandiosa cinta plata del congreso de Nuremberg, celebración bestial, ritual de significación ocultista, idolatría total a la triste figura de Adolfo Hitler ascnediendo con protocolario énfasis la escalinata de mármol italiano para impostarse ante los fálicos micrófonos.

            Nos sentamos con regularidad a nuestros antros deportivos, a presenciar juegos de pelota en los que seguimos una cámara tendida de un hilo que acompaña por arriba la acción, y desconocemos que esta inocente revolución de la toma fue ideada por la Riefenstahl para las tomas que miran a Hitler caminando en la fila abierta junto a más de cincuenta mil soldados formados en falanges de estandartes con la esvástica sinostrógira.

Las tomas más características, aquellas del desfile, no son menos grandiosas que las tomas nocturnas, los close-up de los rostros iluminados por el fervor patriótico-simiesco y la misma apertura: el aterrizaje del avión del Fürher, venida del señor, descenso del Olimpo.

            Su Olympia innova la mayoría de formas que conocemos actualmente para el deporte: la toma en cámara lenta, la imagen submarina de los nadadores, el regodeo en lo griego o en lo antiguo, las primeras imágenes de una antorcha cambiando de mano. Nota: la antorcha como símbolo de la inauguración olímpica, es una innovación del régimen nazi, seguramente un replanteamiento del mito prometéico, símbolo de la revolución en cualquier país, y curiosa bandera de antros de lo conservador, como la plaza Rockefeller, en donde lo que realmente importa es el simbolismo adlátere, el portador de la luz, Lucifer.

            Adelantemos unos años. Patton entra en Montecarlo. Montgomery, dandy del belicismo británico, se aposta en Messina. El abrazo de plomo de los aliados se cierne sore tierras germanas, y en pocos días los rusos toman Berlín, Hitler se suicida sin dejar rastro de su cadáver, y Leni Riefenstahl sufre, como todos los cercanos al caudillo teutón, el escarnio público.

            Se pide su juicio. Ella no teme en declarar que admiró a Hitler en su momento. Que desconocía las atrocidades cometidas contra la comunidad judía y que finalmente, y con mucha razón, aclara: no participó nunca activamente en el partido nacionalsocialista.

            Sus razones son comprensibles. No obstante, se nota que hay algo que oculta.

            No se le juzga pero tampoco se le adopta.

Su vida se vuelve un confuso exilio tripulado por la etiqueta del deseo de ocupar de nuevo la marquesina de los teatros. Entendió que necesitaba quitarse del cuello la araña del nazismo y emprende un proyecto, una película sobre la esclavitud de la raza negra.  Ya asentada en África, sufre un accidente automovilístico. En su camilla de hospital, llega a sus manos la siguiente fotografía, en un artículo de Sterne, la cual marcaría su vida.

Viaja al lugar de esta tribu, los Nuba, en Sudán, famosos por su belleza, contrastantes con la piedad que quiere levantar la clásica foto de la desnutrición del continente negro.

De este proyecto nos quedan fotografías. No pudo realizar los documentales.

Me ahorro las notas sobre la tribu. Y cedo la palabra a la imagen.

El valor de esta mujer radica en lo que su visión prefiguraba, vuelta a la estética básica, limpia de experimentalismo, erotismo infantil, aproximación sin fisuras a la forma humana atlética, que podría acuñarse sin ambages el membrete de la estética naif del fascismo adolescente, y que sin embargo se supera, sorpendiéndonos, en su gusto y su mirada móvil, como un augurio de esta idolatría que presscenciamos a tres dimensiones en películas como Avatar : Nostalgia y misión de transhumanistas, regreso a Maya, eliminación de la religión patriarcal, sincretismo global en lo más básico, el amor a la madre tierra y a la forma humana desnuda y selvática.

Otra cosa. No creo que haya algo que pueda llamarse arte nazi. Sé que hubo la intención de crear una vanagloria clásica, que aspiraba ensalzar la sangre germana. Pero no creo que esta pueda llamarse una verdadera estética, sino sólo una curiosidad de la propaganda política, que gesta por igual muralismo mexicano que pin-up de los cincuenta en el fuselaje de los aeroplanos norteamericanos en llamas.

Esta mujer tiene una mirada y vida interensantísima, pero no es sólo eso lo que cautiva.  Más allá de sus capacidades, las cuales son comparativamente menores con otros grandes expositores del cine o la fotografía, no podemos evitar percatarnos de que esta mujer hizo de si misma un símboo vivo de un aspecto de lo femenino.

Es notorio, que la clásica femme fatal de las sagas de aventura donde aparecen los nazis, las mujeres de estos tienen un singular parecido con Leni, contrastante espíritu libre que estaba muy alejado del ideal de Hitler: fábrica de arios móvil.

A mí me gusta Leni. Sé que es kitch en esta época. Lo cierto es que me tiene sin cuidado el ministerio del buen gusto, fraguado al calor de martinis cosmopolitan en los lofts neoyorquinos donde una becaria de Guggenheim gime bajo la sudorosa mole de algún Diego Rivera actual.

P.S

En video.google.com aparece un notorio documental sobre Leni, Olympia y el Triunfo de la voluntad. Muy recomendabes.

Anuncios
  1. […] Leni Riefenstahl: devaneo sobre cinefilia nazi (artículo) […]

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: