Magazine del colectivo Quimera

Apuntes para leer a ASR por Lisandro Ariel Carbajal

In Uncategorized on julio 7, 2010 at 2:10 PM

Apuntes para leer a ASR

por Lisandro Ariel Carbajal

escríbeme: carbajal133@hotmail.com

Hay escritores que nacieron para practicar la literatura como alquimistas.

Hombres de genio indudable, mayormente ignorados, que se entregan a la brega de la piedra filosofal en ocultos gabinetes, laboratorios, departamentos en Sán Ángel y bancas de hierro forjado.

Domadores de un estilo obsesivo, que no es sino salamandras de mercurio y golems tartamudos, gestan sus cuartillas al fragor de los desvelos postcoitales y lapsos con los que secuestran al poeta de su amada, de su hija, de un séquito de ménades decapitadas.

Hierofantes taciturnos con cetros de papel que ofician con entumecida vanidad las bodas neuroquímicas entre el verbo y el símbolo. Frialdad protocolaria, suicida, del escritor consagrado sólo para sus adentros, que explota igual mundos o niñas en su literatura trasnochada, procaz, indiferente a su propia destrucción.

Testigos de estos hombres, somos otros, igualmente ocultos, que arrojamos en la cama de acero de un anfiteatro la vida de un hombre. Estudiantes con cuadernos que anotan sin comprender nada la visita a un museo de curiosidades personales.

Decir, quizá, que estamos, no en hombros de gigante como la máxima racionalista, sino asentados sobre el cadáver del poeta, del que la orquídea se alimenta, y del cual no puede ser extirpada sin marchitarse.

Andrés Sánchez Redondo (1969), escritor de culto brutalmente ignorado por las editoriales de su natal España, es, sin duda alguna, la figura más lograda del abanico del colectivo gárgolas. Padre involuntario del proyecto Quimera, ha encontrado cabida en este amigable fanzine que llamamos Pop Zoo.

Las vanguardias, articulados berrinches generacionales, suelen olvidar la parte estética en sus supuestas renovaciones de la lengua. En el caso de Andrés Sánchez Redondo somos testigos de una renovación sin pretensiones, modesta y anónima. 

Ave blanca entre las chimeneas sucias de nuestra industria editorial.

Andrés Sánchez Redondo maneja por igual el estilo abigarrado, lleno de figuras y formas gramaticales sueltas, despeinadas, que ocurren ante nuestros ojos estupefactos con la facilidad de un mandala de arena, que la más simple y llana literatura de corte mínimo, esencialista, concreta, pero del todo vívida, cuestión que suele escapar a la supuesta narrativa minimalista.

Sánchez Redondo es influencia indudable de mis letras y, quizá, de la de muchos otros.

La literatura española contemporánea, obsesionada con las líneas editoriales, no apuesta por la curiosa sensibilidad que plantea ASR en cada uno de sus escritos y esto es un misterio báquico incomprensible.

Cuando aborda un tema, nadie como él para encontrar las palabras que acomodan al texto, al personaje, siempre articuladas en hermosas ideas que nunca acaban de tomarse en serio a sí  mismas.

En algún texto de marcado tono melancólico, el autor despliega veloces e imprevisibles remates humorísticos.

Cuando uno quiere clasificar a Sánchez Redondo se encuentra siempre con una interrogante mayúscula.

No hay, de cuanto he leído en la literatura iberoamericana, algo que tenga íntimas conexiones, de las que pueda olerse un tránsito, un híbrido, una veta genómica o un rasgo hereditario que justifique las formas de Sánchez Redondo.

Uno quiere pensar en poetas, en algunos narradores, principalmente Felisberto Hernández, pero no se haya forma similar sino en la literatura anglosajona.

Pop Zoo, divinidad delirante, ha decidido intervenir. Hacer justicia  a costa de la pequeña y congraciada reputación de nuestro fanzine, haciendo de Sánchez Redondo nuestro hombre de portada.

Que valgan estas notas como augurio del vuelo que tomará la carrera Sánchezredondiana.

Aunque, algunos puntos…

1. Andrés Sánchez Redondo nació para que otros, no él, tomen su literatura y la conviertan en lo más leído de la Iberoamérica.

2. ASR nació para escribir textos que vivirán en pocos elegidos.

3. ASR nació para llegar a un lector, un pequeño niño bengalí que necesita su literatura para salvar su adolescencia, dirigida a un prostíbulo donde morirá de una bala de fabricación taiwanesa y diseño neozelandés.

4. Porque es probable, y del todo deseable, que Andrés Sánchez Redondo no ha nacido en España, en 1969, no  tiene una hija y es invención de una adolescente despechada o de un filósofo universitario, de Lisandro Ariel, en el 2003, deseando un amigo, un maestro, un ídolo al cual romperle los tobillos de barro con una guitarra eléctrica.

5. Andrés existe, y es el mejor escritor oculto que he conocido.

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  1. […] Apuntes para leer a ASR (por Lisandro Ariel Carbajal) […]

  2. “…que explota igual mundos o niñas en su literatura trasnochada, procaz, indiferente a su propia destrucción.”

    Me quedo con esta frase del comentarista que, por primera vez, firma con la ficción entera de su nombre: ¡Carbajal! ¡Finalmente! Pitidos. Fanfarrias falsas con voz de rana fumadora. Y todo para exponer la más elemental y generosa (y por eso habitualmente grosera y sobreactuada) de las pasiones: la admiración. Por Sánchez Redondo. Sin dudas compartida por mí y otro puñado de lectores amantes de la pulpa sin tirada, del manuscrito precioso sin Alejandría…

    Creo que, ante todo, describe perfectamente nuestra llegada a Sánchez Redondo. A ese exilio de altura que nos propone Sánchez Redondo. Porque debemos rastrear duro en la gran pocilga de la información para llegar hasta Sánchez Redondo y sin embargo siempre estuvo ahí, al alcance de la curiosidad más corta, en un estado de gratuidad y accesibilidad similar al que tiene humillar a una indigente cetrina y gorda. Y nadie duda de que es un lujo excesivo, asiático, de puta esmerada, encontrar un artefacto de semejante calidad en el universal desguace del gusto literario. Un desguace que tiene un niño violado por rincón. Una vagina asada por almuerzo (Artaud dixit). Pero que seguirá eternamente escandalizado por el buen gusto, la integridad y la belleza.

    Hay una mezcla de generosidad y sadismo en cómo Sánchez Redondo se ofrece a los lectores. Mediante canales abiertos (internet, e-mail, fanzines…) pero, sin embargo, ofreciendo una experiencia obturada para las expectativas-hormiga del lector actual. A la vez repartiendo gratis belleza y bofetadas. Cuando un escaparate se traga una cortina de hierro podemos reconocer el vitral entre sus heces.

    La literatura de Sánchez Redondo anda vendiéndose en los recovecos del tugurio, pero sin dejar de ir ventilando rabiosamente su exceso de calidad y complejidad. Y todos sabemos el efecto que este ofrecimiento a la vez humilde y altanero alcanza a generar: lo mismo que si una puta eslava se vende a una peseta en una de esas callejuelas detrás del adefesio del Liceu: incluso los clientes de salario caliente sueñan con mejorar su dentadura y el estado de sus braguetas antes de abordarla.

    Sin dudas, la de Carbajal, es la primera aproximación radiante a la literatura de Sánchez Redondo… la primera de las diez o quince que a esta altura se le deben.

  3. Gracias, mi estimado Ubu. Excelente comentario.

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