
Comentario a Los esclavos
por Lisandro Ariel
contacto: carbajal133@hotmail.com
Las malas reseñas que he leído sobre Los esclavos me parecen protocolarias, fáciles y distraídas. Alimentan la visión errónea que reduce la novela a una confabulación sexual cuando es la complejidad alegórica (las lecturas adláteres) lo que convierte la novela en una feliz alegoría.
Manifestación de realidades concretas pero ocultas.
Yo no sé si estoy obsesionado con las “otras lecturas”, pero algunos puntos podrían darme la razón.
Alberto es un excelente lector de Borges (para muestra, el ensayo subrepticio y genial de La cámara de maravillas). Sabe que la alegoría fue defendida por Borges cuando no se manifestaba como facilidad onírica.
Chimal explota normalmente la alegoría humorística: ¿Qué otra explicación está detrás de Gente del mundo? Galerías de naciones inexistentes. Para mí, alegoría voluntaria de la ciudad y, quizás involuntariamente, del fenómeno cibernético. ¿Qué nombre daría Chimal a la república de Pop Zoo?
Chimal quería mostrar que sencillez gramatical puede mantener altura en el lenguaje.
Chimal olvida otras novelas múltiples, como las que han nacido del falso narcisismo argentino de Piglia.
Principalmente, el bodrio de Ciudad Ausente (para siempre manchada por su involucramiento en un escándalo editorial). El tono alegórico (la segunda historia, tan propugnada por Piglia en teoría del cuento) es utilizada a mansalva por estos escritores, con el trazo fofo de un mal caricaturista.
Las alegorías tienen más de arquitectura que simple alfabeto de sustitución. Criptografía sin esteganografía carece de valor estético en la literatura. Por supuesto, el código está hecho para ser descifrado.
El México contemporáneo enfrenta las lecturas de manera literal. Esto se debe a la tendencia minimalista de nuestros ensayistas quincenales… Zaid es grande, Zaid es enorme, pero hay que decir la verdad: no todos debemos escribir cómo él. Es bueno como el ciclo menstrual: una vez por mes.
México vive en la literalidad. Quizás porque vivió en el misterio, lo oculto y lo simbólico durante tanto tiempo.
Chimal, ahora, nos da más símbolos. Y nos relata la historia de mundo ante su televisor. Yo creo que Los esclavos anuncian la mejor novela de Chimal, y quizás la consagración futura tan pedida por algunos para la generación de los Setenta.
La metafísica erótica no tiene nada que ver con los esclavos. Olvidemos a Bataille.
Por eso, yo pienso que la novela gana por puntos, no por knockout. Es decir, vale la pena como anunciación. No como llegada.



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